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Ella

Bajo la oscuridad apareció la silueta de una mujer. Desde lejos se podía percibir la rigidez de aquella persona, la cual mantenía bajo prisión a su ser interior, impidiendo que la fría brisa de la noche la tocara. Una cortina de humo negro la cubría como un velo cubre a los ojos que ocultan algo. De vez en cuando se podían observar reflejos de luz que emanaban de ella atravesando su manto, pero el humo los volvía a cubrir en su oscuridad. Algo en ella me inquietaba. Me daba la sensación de miedo y misterio, pero a su vez sentía curiosidad. Curiosidad de saber por qué sus pequeños reflejos dorados se ocultaban bajo esa cortina de humo que la seguía a cada movimiento y paso que daba. ¿Qué ocultaba? Su cara no reflejaba expresión alguna. Una cara hermosa, pero fría cual roca. Como si su bellas facciones hubieran sido talladas sobre un mármol sin vida. Al pasar frente a mi, nuestras miradas se cruzaron. Sus ojos marrones se clavaron en los míos, pero solo pude …

Bienvenida Realidad

-Tienes que dejar a lado tus miedos, no te puedes quedar estancada en dónde estás para siempre… tienes que aceptarlo-. Esas fueron las últimas palabras que salieron de su boca antes de partir por la misma puerta que había entrado años atrás. Todo se desvanecía tan rápidamente que no tuve tiempo de pensar en lo que acaba de suceder en ese momento, solo me quede ahí, inmóvil, sin expresar una mínima señal de vida en mi ser. Todo lo que había sido por 10 años acaba de escapar de mis manos en menos de 5 segundos por la puerta. Si, así de fácil. ¿Por que siempre todo lo que toco tiene que terminar? ¿No podía ser como un Rey Midas, que todo lo que tocaba se convertía en oro y eran felices? Oh, espera, creo que esa ultima historia acabo mal. Pero, ¿lo ven? es lo mismo, a fin de cuentas todo tiene un final triste, no existen los cuentos de hadas, ni las historias de amor, ni el príncipe azul, ni todas las historias …

¡Por ustedes!

“Hasta que tengas hijos lo entenderás”, una frase que muchos de nosotros hemos escuchado y nos podemos identificar con ella. No tengo hijos, pero ahora entiendo algunas de las razones por las cuales ella actuaba de aquella manera y en algunos casos, si no es que en la mayoría, siempre pensábamos –ash, ella no sabe nada-. Ahora ya entiendo… las mamás, al final, si saben todo.

Por una copa

-Ya te lo dije… No esperare ni un momento más hasta que no hayas calmado tu mente-. Tomó su copa de vino y le dio un sorbo. Se dejó envolver por aquel dulce sabor que cubría su boca… Como sí un pequeño sorbo de vino desapareciera todos sus problemas, alejando su mente de aquel preciso momento. Pareciera que fuera él quien debía calmar su mente.