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Viaje al Nevado de Colima

El Búho se volvió extremo por un instante de su vida, y en lugar de frecuentar cafeterías, restaurantes, leer, escribir  y pasear por la ciudad, fijo sus grandes ojos y abrió sus alas para dirigirse a un antiguo macizo volcán ubicado en el Estado de Jalisco con un grupo de amigos igual de extremos y aventureros. En invierno es normal encontrar la cumbre cubierta de nieve, pero siendo verano el Nevado nos recibió con cielos grises y nubes cargadas de lluvia, pero sus bosques reflejaban sus vivos colores producto de las lluvias de la temporada. Ésta sería la primer excursión del Búho a un ambiente hóstil y peligroso -por lo menos para mi-.

Después de años de planeaciones, intentos fallidos, explosiones del volcán vecino y demás contratiempos, al fin se organizó el viaje -por el cumpleaños de un amigo- para escalar la cumbre y poder apreciarlo con mis propios ojos. Una enfermedad, unas cuantas inyecciones no iban a impedir que fuera -aunque muy en lo profundo de mi ser deseaba descansar en mi propia cama calientita y no tener que forzar mi cuerpo al máximo-.

Salimos un sábado por la mañana -de las 9:00am nos dieron las 11:00 y la 1:00pm, hora final de salida-. Dos horas se hacen desde Guadalajara hasta la base del Nevado, de ahí 40 minutos de subida en coche hasta el campamento, con las piernas entumidas, cubiertos de maletas, sleepings y municiones de comida. Entre el bosque y caminos de tierra, observando la flora y los pinus sylvestris en conjunto con clases de biología de una amiga, hicieron el transcurso más placentero.

  
Al llegar al campamento nos instalamos en las cabañas del CODE, las cuales tenían literas y agua caliente -un excelente lujo del cual nadie se podía quejar-. Esperamos a los paseantes extremos que decidieron subir el Nevado desde la base hasta el campamento, para realizar la carne asada planeada para la noche y dormir para estar al 100% al día siguiente.

7:30am suena el despertador. Costaba abrir los ojos y despegar el cuerpo del sleeping caliento -ya no quiero subir, quiero dormir-, pero debíamos salir temprano. Desayunamos, preparamos snacks para el camino -sandwiches de nutella, chocolates, granola, etc.,- todos aquellos alimentos prohibidos en las dietas por su alto contenido calórico, pero en este caso haríamos una excepción.

Hasta este día no me daba cuenta de el desafío que implicaba subir el Nevado. Escuchamos que es algo normal, que mucha gente lo sube y baja tan tranquilamente, pero ya que llegas hasta la cumbre y lo bajas, te das cuenta de lo que es. Es un desafío para tu cuerpo y mente.

Comenzamos a caminar cuesta arriba por caminos en el bosque, que poco a poco se iban convirtiendo en simples veredas hasta desaparecer en su totalidad. Durante los primeros minutos tu cuerpo te manda señales de que la condición que tu creías que tenias, no existe y comienzas a cuestionar si todo el camino va a ser de esa forma y morirás congelada por la falta de energía en tus músculos, -esta bien, no tan exagerado- pero sabes que todavía falta un largo recorrido por hacer y comienzas a dudar de tus habilidades. Lo mejor era no pensar.

El paisaje iba cambiando conforme íbamos subiendo; al principio caminando entre bosque, después la vegetación comenzaba a hacerse un poco mas rocosa y arenosa. La neblina cubría gran parte del camino y la humedad y el frío comenzaba a sentirse ya en los huesos cuando te detenías un momento a descansar, lo mejor -al parecer- era continuar moviéndose para mantener el cuerpo caliente. Subir las partes de arena era lo peor, avanzabas un paso pero retrocedías dos, tus piernas tenían que dar el doble de esfuerzo para poder avanzar, y eso parecía imposible. Y para hacer mas placentera la subida, comienza a llover. Encontrar un lugar donde resguárdate de la lluvia parecía difícil, por que te rendías y continuabas caminado bajo la lluvia, ya que.

  
4 horas de camino hasta la cumbre -aproximadamente-, y solo dos descansos para poder comer unos snacks -cuanto quería ese sándwich de nutella que habíamos preparado en la mañana-. Y comenzaba la parte menos divertida -por lo menos para mi-, escalar unas cuantas rocas. Gracias a que Dios es grande, la neblina cubría la vista del precipicio, y no te daba vértigo por que tus ojos no podían ver lo que había abajo. Comenzamos a escalar un poco, pero por la lluvia estaban poco resbalosas. Las sabias palabras de un amigo nos dieron ánimos de subir; “si se resbalan, se matan” -gracias por el dato, creo que no lo sabíamos-. Al fin pasamos las piedras y llegamos a la cima, en donde se encuentra un cruz de metal -espero no sea en honor a los caídos- y la bandera de México sobre ella. Nos sentíamos en las nubes, volteabas a todos lados y solo veías un manto gris. En momentos el cielo comenzaba a despejarse y se podían apreciar las cumbres entre las nubes y los valles de abajo, pero se volvían a cubrir y no dejaban nada a la vista. Nunca pudimos ver el Volcán de Fuego de Colima.

  
La bajada de la cima. Esta parte involucraba pendientes rocosas, con piedras flojas y arena. ¿Porque nadie me dijo?. Parecía el camino a Mordor en El Señor de los Anillos; entre rocas, arena, neblina y poca lluvia me sentía Frodo y Sam caminando a destruir el anillo. Una hora y media de camino aproximadamente en la bajada, pero ahora la parte de los arenales eran lo mas divertido. Bajabas corriendo y saltando, esperando que la misma arena frenara tus movimientos -en mi caso, dos o tres veces me doblaba el tobillos, mis piernas ya no reaccionaban como debían-. Poco a poco ibas dejando atrás el entorno de rocas y arena y comenzabas a caminar ya entre el bosque. Ya faltaba menos para llegar al campamento. Mojados, sudados y cansados al fin llegamos a las cabañas, y antes de salir del Nevado nos despidió una hermosa y fuerte lluvia. El manto gris de nubes estuvo con nosotros ambos días.

Parecía como si hubieras estado caminando y escalando por días, el tiempo pasaba un poco lento. Pero la actividad que hiciste en unas cuantas horas era impresionante. Todo lo que viviste lo hiciste en un día, y al fin pudiste subir el Nevado de Colima. No fue fácil -y no estoy segura de cuantas veces volvería a repetir esta actividad-, lo disfrute y fue una experiencia que no me arrepiento de haber realizado. No pensé que fuera capaz de hacerlo -es mi primera experiencia “extrema” que hago-. Pero aprendí que debes a prender a controlar con tu mente. Es ella quien controla los movimientos de tu cuerpo, y te da el impulso para seguir adelante, mas el apoyo de tus compañeros. Los más experimentados eran lo que decían “todo es mental”. 

-Gracias al guía que hizo posible esta excursión de exploradores.-

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2 Comments

  1. Gabriela VELAZQUEZ says

    Increíble mucho atrevimiento pero valió la pena …. Felicidades y sigue platicando tus pensamientos …descubrimientos y experiencias abres la mente… Saludos y sigue…..

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  2. denisse cervantes says

    ea!! felicidades Buho!! Todo lo que describes es súper cierto! Yo también lo subí este fin de semana y puedo decir que fue una de las mejores experiencias extremas que he tenido y que me gustaría repetir en más de una ocasión. Me enamora la naturaleza, y sobretodo la fortaleza de mi cuerpo y mi mente de sopreponerse al cansación y la adversidad de la toda poderosa madre naturaleza.
    Cuando comencé a subir me cuestinaba si era cierto lo que me dijiste acerca de que el caminio se parecía al de Mordor. Al principio pensé; este Buho qué exagerado es; pues todo era verde y pinos, pero justo cuando comenzaba a ver más y más de cerca la cumbre, dije: el Buho tenía toda la razón!! jajaja qué risa me daba recordarte, y a nuestra querida trilogía de Tolkien :))

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